Els dies 12, 13 i 14 de juny i, 4, 5 i 6 de setembre tindrà lloc la convocatòria de la Selectivitat 2018 per als estudiants que hagin aprovat el batxillerat i vulguin accedir a la universitat. Per això des del grau de Llengua i Literatura Catalanes de la UOC us volem parlar d’una de les lectures prescriptives de Literatura catalana per a aquestes proves d’accés a la universitat (PAU) 2018, que és El poema de la rosa als llavis, de Joan Salvat-Papasseit.

I us en parlarem reproduint un capítol del llibre que l’escriptor i professor del nostre grau,  Jaume Subirana, publicarà al setembre de 2018 a Ediciones Cátedra, amb el títol Construir con palabras. Escritores, literatura e identidad en Cataluña (1859-2019).

Agraïm a Cátedra el permís que ens ha donat per donar-vos a conèixer un capítol d’aquest llibre, encara inèdit, i us convidem a llegir-lo, sobretot a aquells que us examinareu a les PAU d’aquest any 2018.

Bona lectura! I als qui us presenteu a la selectivitat enguany, us desitgem molta sort!

 

Literatura Catalana a la Selectivitat 2018: Joan Salvat-Papasseit PAU


Joan Salvat-Papasseit: nada es nimio

Jaume Subirana

Escribe J.V. Foix, el otro gran poeta catalán de vanguardia, en Catalans de 1918: “Llovía a cántaros cuando, sobre las doce y media, he entrado en las [Galerías] Layetanas por si estaba ahí Salvat-Papasseit, que suele guardarme revistas italianas y francesas de vanguardia” (Foix, 71). Curiosamente, cuando Joan Salvat-Papasseit (1894-1924) se presenta en sus “Notas biográficas” lo hace también siendo bautizado bajo un fuerte aguacero de primavera en la parroquia de Santa Madrona, en el barrio del Poble-sec, a la sombra de unos anarquistas presos a punto de ser ejecutados al alba en el castillo de Montjuïc (ahí donde unos años más tarde lo será el pedagogo Francesc Ferrer Guardia tras la Semana Trágica), y evocando las palabras proféticas del cura que lo bautizaba, que asoció su futura muerte al fuego.

¿Qué tiene en común Josep Vicenç Foix, el pastelero burgués de Sarrià, con Salvat-Papasseit, librero pobre y autodidacta de la Barceloneta? Los une el escenario de la Barcelona de finales del siglo xix y principios del siglo xx, efervescente política y socialmente, espacio de iniciativas culturales innovadoras y de la articulación de una gran masa obrera llamada a alterar con el paso de los años los parámetros de muchas cosas: era la Barcelona de la industria textil, de los Güell y de Antoni Gaudí, del Modernismo, del joven Picasso y, pronto, de la Mancomunitat de Cataluña, pero también la Barcelona de las bombas y las huelgas, de los ateneos populares, de la fundación de la CNT, de la ya mencionada Semana Trágica, de las huelgas generales, del pistolerismo y la Ley de Fugas… Pero, además del escenario y de los años compartidos, a Salvat-Papasseit y a Foix los unirá ante todo el anhelo artístico de buscar algo más, y de ahí el interés por la vanguardia. En la quiebra de las propuestas culturales burguesas, Foix pide: “No me llaméis poeta sino investigador en poesía”; y Salvat proclama: “La tradición cuenta, pero cuenta más la justicia y la libertad de investigar”. Hablamos pues de dos investigadores literarios inquietos y a la búsqueda en un mundo cambiante y convulso. Y, en el caso de Salvat-Papasseit, de un joven investigador: el poeta morirá con solo treinta años. Así tenemos que imaginarlo: un escritor distinto y un poeta excepcional. No un poeta nacional, en el sentido estricto de la expresión, pero sí una variante muy interesante en la lista de los autores cuya memoria pública más profundamente se ha perpetuado y sigue manteniéndose, activa y productiva. A alguien podría extrañarle la inclusión de Joan Salvat-Papasseit en la serie de nombres de este apartado. Es cierto que Salvat no ha sido nunca considerado poeta nacional ni tuvo en vida una repercusión o influencia equiparables ni de lejos a las de Verdaguer, Maragall o Espriu. Y sin embargo, de forma tardía y paradójica, se ha ido convirtiendo en autor favorito de muchos lectores con independencia de fechas y modas, ha ido ganando más y más espacio como referencia pública, y hoy figura sin discusión en la breve lista de nombres de consenso para el bautizo institucional de escuelas, calles y bibliotecas.

Vida del poeta

Joan Salvat-Papasseit nació el 16 de mayo de 1894 en el barrio de la Barceloneta, un pequeño enclave marinero entonces a las afueras de la capital catalana. El escritor Tomàs Garcés, amigo suyo de infancia, describía así el barrio en esa época: “La Barceloneta es como una península, conectada a la ciudad por explanadas medio desiertas y rodeada de mar por todas partes. Ir al centro de la ciudad era ‘Ir a Barcelona’. (…) Y, dentro, un mundo hormigueante: pescadores catalanes y levantinos, trabajadores del puerto, y tantos menestrales, que eran nuestros amigos” (Arenas, 892-93). Salvat fue pobre y autodidacta. De extracción muy humilde y huérfano desde los siete años (su padre, fogonero, murió embarcado), la madre tuvo que ingresarlo en el Asilo Naval, en un barco en el puerto, y no fue nunca a la escuela de forma regular. Cuando salió del asilo, a los doce años, empezó una ruleta de trabajos diversos como aprendiz para poder mantener a la madre y a un hermano menor. Su cultura provendrá de unas insobornables ganas de saber, del Ateneu Enciclopèdic Popular, de los libros y de las amistades. Joan Alavedra, otro autor autodidacta como él, cuenta que compraban libros a medias en las casetas de libro viejo del portal de Santa Madrona (una de las cuales estaba a cargo del anarquista Emili Eroles), y que escribían notas uno en las páginas pares y el otro en las impares del volumen. Así leerá a Baroja, a Gorki, a Tolstói y al Ibsen de Un enemigo del pueblo.

Habiendo trabajado en multitud de oficios (entre los cuales, en el invierno de 1915 y 1916, como vigilante nocturno en el puerto: de ahí saldrá el famoso primer verso de su “Nocturn per a acordió” [Nocturno para acordeón]: “Heus aquí: jo he guardat fusta al moll” [Helo aquí: yo he vigilado madera en el muelle]), a través de Eugeni d’Ors entra en contacto con el propietario de un nuevo espacio cultural que es bar, librería y galería de arte, las Galerías Layetanas,[1] y empezará a trabajar ahí como librero. Desde las Layetanas irá, por un lado, tejiendo una red de amistades y relaciones que incluye buena parte de los intelectuales y artistas más importantes de la Barcelona del momento, y, por otro lado, tendrá acceso a las principales revistas y publicaciones artísticas europeas. Es esta la época en que empieza a escribir poesía: su primer poema en catalán, “Columna vertebral: Sageta de foc” [Columna vertebral: Flecha de fuego], se publica en 1917, y su primer libro, Poemes en ondes hertzianes [Poemas en ondas hercianas], aparecerá en 1919.

En 1918 se había casado con Carmen Eleuterio, una chica del barrio, y con ella tuvo dos hijas, Salomé y Núria, a las que dedicó Els nens de la meva escala [Los niños de mi escalera] (1926) y las delicadas Postals a les filles [Postales a las hijas], publicadas solo en 1986, escritas durante las estancias en varios sanatorios sufragadas por amigos y mecenas. Porque la vida del poeta fue corta: enfermo durante mucho tiempo, murió de tuberculosis en el verano de 1924. La larga enfermedad aparece sin embargo invertida en sus versos, en forma de vitalidad, de exaltación y canto de la alegría de vivir y de los pequeños detalles de cada día. A su muerte, el artista Xavier Nogués recogió debajo de su almohada un puñado de poemas inéditos que formarían Óssa Menor (Fi dels poemes d’avantguarda) [Osa Menor. Fin de los poemas de vanguardia] (1925).

Radical, vanguardista y amante

Salvat-Papasseit quería un mundo mejor, y esto lo convertirá en un rebelde. Un rebelde (un innovador) en las formas artísticas como lo fue en sus ideas sociales y políticas. Porque en Salvat la conciencia social y la artística aparecen muy pronto e irán siempre de la mano. Será leyendo a Nietzsche y a Gorki (uno de sus primeros pseudónimos fue Gorkiano) que el joven Salvat se acercará a los ambientes anarquizantes de la capital catalana, como antes lo había hecho a los de tendencia socialista: en 1916 su primer libro es una recopilación de piezas publicadas en revistas de la época que se titula Glosas de un socialista, y en 1918 aparecerá (con el sello editorial de las Galerías Layetanas) Humo de fábrica, selección de artículos político-sociales a cargo del autor y precedidos por un prólogo del escritor revolucionario Ángel Samblancat (que lo escribe desde la cárcel): en todos ellos la reflexión sobre el hombre es a la vez política y moral, planteada desde una clara radicalidad retórica. Salvat lo resume en su epílogo, firmado como Gorkiano: “Todos estos trabajos recogidos aquí son trabajos escritos contra la sociedad capitalista y los grandes defectos de esta España tan pobre y tan enferma. Sin duda son violentos: toda mi adolescencia se encuentra en estas páginas que ha pasado el lector. Son la rosa de fuego, con el clavel de sangre de mi espíritu” (Arenas, 826). El artículo titulado precisamente “Humo de fábrica”, hablando de la salida de los combativos obreros de La Maquinista Terrestre y Marítima, termina así:

Mientras, las chimeneas humeantes dibujaban cabezas de rabias comprimidas y de angustias y muertes: era la gran visión de la terrible nube que traerá la lluvia, la tempestuosa lluvia que les libertará. La lluvia que es la masa que lo produce todo y carece de todo. | Aún me fui bendiciéndoles por aquella tragedia de sus vidas, porque les hará dueños de todos los destinos de la tierra: cada uno que muera en la lucha sublime por un mejor mañana, producirá en su tumba a ras de tierra una rosa de fuego que consumirá un mundo de injusticias sociales. | Así sea. (Arenas, 709)

Y el titulado “Lo que conviene a España” lo hace preguntándose “¿Dónde está el hombre justo, que no lleve un revólver sino un libro, que no sea un soldado pero sí un misionero para la libertad?” (Arenas, 718).

Una estancia en París en 1920 ayudará a Salvat a reconducir buena parte de sus preocupaciones sociales y de su sensibilidad literaria hacia las formas de las vanguardias. Su obra literaria, tanto los artículos como los poemas, es excepcional en la radicalidad y en la libertad: no habiendo ido a la universidad (y muy poco a la escuela), escribe desde una sensibilidad original a la que suma la fascinación por el arte “nuevo”, llamado según él a renovar las formas obsoletas de la tradición burguesa, como la revolución tenía que acabar con la opresión del hombre por el hombre. Así, de la misma forma que los manifiestos que redactó (“Hermanos oprimidos, salud…”) y las revistas que dirigió (la primera, en 1917, Un Enemic del Poble. Fulla de subversió espiritual [Un enemigo del pueblo. Hoja de subversión espiritual]) hacían una crítica aguda de la sociedad partiendo de ideas utópicas de igualdad y justicia, sus poemas están llenos de la palabra “mañana” y de tiempos verbales en futuro. Salvat-Papasseit añora el mañana, no el ayer: siente añoranza de un tiempo nuevo en el que la justicia y el amor hagan que las cosas sean diferentes a lo que ve y vive. Y en 1920 escribe en “Contra els poetes amb minúscula” [Contra los poetas con minúscula], subtitulado “Primer manifest català futurista”:

  1. Recomendamos aún aquel trabajo nuestro que titulamos “Concepto del Poeta”. El Poeta de hoy es el Poeta de hoy y no el de ayer. Por mucho que se nos replique que hay algo que espera ser cantado en todos los tiempos, el extático claro de luna enfermizo, nosotros preferimos, sin rehuir esto si fuera indispensable, cantar al hombre férreo que se zambulle en las olas, en la playa o en alta mar, el que se ha zambullido toda la vida y el que se zambullirá toda la vida. Homero, si cantó a los remos de la victoria, fue porque en su tiempo con la fuerza de los remos se obtenían victorias; Marinetti hoy cantará a los acorazados, a los aeroplanos frenéticos y las bocas de fuego de los monstruosos cañones. ¿Liberaremos a Cataluña por la fuerza de los remos?
  2. Yo os invito, poetas, a que seáis futuros, es decir, inmortales. A que cantéis hoy como el día de hoy. A que no midáis los versos, ni los contéis con los dedos, ni los cobréis en dinero. Vivimos siempre de nuevo. El mañana es más bello siempre que el pasado. Y si queréis rimar, podéis rimar: pero sed Poetas, Poetas con mayúscula: altivos, valientes, heroicos y sobre todo sinceros. (Arenas, 412-13)

Salvat creía pues en una heroicidad escrita con las letras mayúsculas del mundo de las ideas, creía en el valor, en la sinceridad y en el poder del arte, en la fuerza de la voluntad, en la hermandad y en el poder de convencimiento (o de cambio) de la palabra. De la misma forma en que creía en la amistad, y su extenso (y muy diverso) círculo de relaciones será clave para la obra y la figura del poeta, y para su futura repercusión. Amigo de intelectuales y de artistas (“Amo el arte y a los artistas, y las obras inútiles de los artistas”, decía), su poesía no se entiende sin tener presente la relación con nombres como los Rafael Barradas, Joaquín Torres-Garcia o Manolo Hugué, como J.V. Foix, Tomàs Garcés o incluso Eugeni d’Ors. En 1917 escribirá en el número 7 de Un Enemic del Poble: “Sólo hay una ambición llena de grandeza: la de querer ir a la vanguardia siempre entre los inteligentes y los osados. Yo estoy, pues, poseído por esta ambición. | No quiero alistarme bajo ninguna bandera. Son el verdadero distintivo de las grandes opresiones”.

El poema de La rosa als llavis

Dejando aparte algunos poemas puntuales,[2] ninguna obra de Salvat-Papasseit ha tenido tanta repercusión y larga fama, ni ha sido tan procreativa, como El poema de La rosa als llavis, [El poema de La rosa en los labios], publicado en febrero de 1923. El libro, un gran poema unitario de temática amorosa concebido y empezado a escribir durante una estancia en Andorra el verano anterior, consta de treinta y una piezas breves con una estructura que las articula y en cuyo centro se cuenta lo que Salvat en una carta llama “la tonada de l’amor” [la melodía del amor], y Joan Fuster en un artículo “el mejor poema erótico de la poesía catalana”.[3] El libro, publicado con dibujos de Josep Obiols y usando tintas de colores, fue editado a cargo del autor “porque creo que de otro modo no habría editor que quisiera arriesgarse”: El poema… transcribe con una pureza y un aliento artístico extraordinarios la alegría de vivir y el placer de la carne. Es la historia de una relación amorosa que es a la vez iniciación (en la que el poeta ejerce de sacerdote, o de agente del amor) y captura (del poeta, en corazón y deseo, “en la red de los raíles” del amor). A través de metáforas y analogías (con el uso constante de los referentes florales, pero también de la épica de piratas y bandidos y de algunos referentes de los trovadores), de una gozosa exaltación hábilmente repartida a lo largo de las diversas series que componen el libro, la proclama que “la carn fa carn” [la carne hace carne] (“la carne quiere carne, y no se la puede contradecir”, había escrito Ausiàs March en el siglo xv) se convierte en bandera poética en la que deseo y energía se literaturizan sin perder nunca el atractivo, la inmediatez del cuerpo de la amada ofrecido y probado y cantado. Tras el Tirant lo Blanc, será El poema de La rosa als llavis el libro con el que la literatura catalana retome el goce sexual explícito, y el público con el tiempo no ha sido ajeno a este extremo.

Muerto el autor, pasadas la guerra y la primera posguerra, a principios de los años sesenta coinciden la reedición de la poesía de Salvat (en Ariel, a partir de 1962), las primeras versiones en disco de poemas suyos recitados (en 1964 Josep Palau i Fabre y Jordi Sarsanedas graban Joan Salvat-Papasseit Poemes; en 1966 Núria Espert incluye dos poemas suyos en Poetes catalans contemporanis) y las primeras musicaciones de sus poemas, a cargo de Martí Llauradó, Rafael Subirachs y Guillermina Motta.

Un éxito póstumo y perdurable

Antes de la guerra civil, Eduard Toldrà ya había musicado algunos poemas de Salvat-Papasseit (en 1936 obtuvo el premio Isaac Albéniz de la Generalitat con un La rosa als llavis dedicado a Conxita Badia, y tuvo que esperar al regreso de la soprano del exilio para grabarlo en disco), pero será sobre todo con la aparición de los discos Salvat-Papasseit per Ovidi Montllor (Edigsa, 1975) y Res no és mesquí, de Joan-Manuel Serrat (Edigsa, 1977), combinada con la reedición continua del volumen de Poesies y de la edición de El poema de La rosa als llavis preparadas por el crítico Joaquim Molas[4] para la editorial (de ensayo) Ariel, que Salvat-Papasseit y sus versos entrarán –para ya no abandonarla– en la corriente principal de la poesía popular catalana. Popular en el sentido de citada, recitada y “usada”, de conocida y reconocida: tanto si hablamos de lírica amorosa (“Dóna’m la mà” [Dame la mano], “Ser mestre d’amor” [Ser maestro de amor], “La meva amiga com un vaixell blanc” [Mi amiga como un barco blanco]…) como de una retórica entre rupturista y revolucionaria (“Cançó futura” [Canción futura], “Canto la lluita” [Canto a la lucha], “Escopiu a la closca pelada dels cretins” [Escupid en la testa pelada de los cretinos], “Fem l’escamot dels qui mai no reculen” [Hagamos el pelotón de los que nunca retroceden]) muy de los años sesenta y setenta pero que no ha dejado de mantener su atractivo entre los miembros de las jóvenes generaciones más próximos al deseo de cambio social y político.

Caligrama “Les formigues” en una pared medianera del Passeig del Born, en Barcelona.

—  Caligrama “Les formigues” en una pared medianera del Passeig del Born, en Barcelona.

Desde entonces el poeta ha ido dando nombre a multitud de calles (en Barcelona, Calafell, Castellar del Vallès, Deltebre, Girona, Manresa, Mataró, Molins de Rei, Reus, Sabadell, Sant Boi, Sant Cugat, Sitges, Tarragona, Terrassa, El Vendrell, Vic), centros públicos de enseñanza (en Barcelona –en la Barceloneta–, Mollet del Vallès y Santa Coloma de Gramanet), bibliotecas y otras iniciativas culturales,[5] y poemas suyos figuran regularmente en los libros de texto escolares y de bachillerato y en las principales antologías. En Barcelona, ​​en 1992 se inauguró en el puerto un monumento de bronce y piedra al poeta obra de Robert Krier, justo en el muelle de Bosch i Alsina (en referencia al famoso “Nocturn per a acordió”), también se instaló una inscripción en el suelo de la entrada al edificio de Gran Via, 613, antigua sede de las Galerías Layetanas, recordando que Salvat trabajó ahí, y en 2013 se colocó una placa en la casa donde nació. Además, en la casa donde murió, en la calle Argenteria, un plafón de mármol reza: “Viviendo aquí apuró sus últimos días Joan Salvat-Papasseit (1894-1924) de madre gitana, de obrera estirpe y de leal nación: de dignidad poeta. El pueblo a un enemigo muy noble en el centenario de su llegada al muelle. Barcelona, 1994”. Y cerca de allí, si paseamos por el barrio de Ribera, desde 2004 podemos ver reproducido a gran escala en una pared medianera del Passeig del Born el caligrama “Les formigues” [Las hormigas], bajo el sol que el poema evoca y a la vista de todos los transeúntes, como una especie de símbolo y de homenaje a la obra luminosa y amiga de uno de los poetas más vivos de las letras catalanas, llegado a ellas desde la marginalidad, desde lo aparentemente nimio.

 

Jaume Subirana és profesor dels Estudis d’Arts i Humanitats de la UOC.

 


[1] Inauguradas en 1915 en la Gran Via, en pleno Eixample, por el marchante de arte Santiago Segura bajo la titularidad de Faianç Català.

[2] Como “Nadal” [Navidad], “Tot l’enyor de demà” [Toda la añoranza de mañana] o “Res no és mesquí” [Nada es nimio] (de donde procede la referencia del título del capítulo), todos ellos musicados, antologizados, aprendidos y citados en multitud de ocasiones.

[3] En ese momento aún no había aparecido Estimada Marta, estudiado en el capítulo sobre Miquel Martí i Pol.

[4] Desde 1969 catedrático de Lengua y literatura catalana en la Universitat Autònoma de Barcelona.

[5] El premio más prestigioso de la poesía catalana, el Carles Riba, fue instituido en 1950 por el editor Josep Pedreira como Premi Óssa Menor, y era también conocido como premio Salvat-Papasseit. Cambió de nombre en 1959 en homenaje al autor de las Elegies de Bierville, que acababa de morir.

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